miércoles, 24 de octubre de 2012

Introducción

Por diversas razones, a veces decidimos dedicarnos a vivir por una o más personas, vemos esto todos los días en muchas formas: el amor intenso de una pareja, en donde los miembros están dispuestos a dar su vida por el otro; en una familia en la que los padres dan todo por sus hijos; y hasta en los amigos, siempre apoyándose y cuidándose mutuamente como hermanos.
Muchas veces durante la historia humana, muchas personas han intercedido por desconocidos, creando justicia y llevando un mensaje de amor, y que son tantos quienes eligen escucharlo como quienes eligen ignorarlo, aunque las historias de estos intercesores  no son siempre conocidas por las personas. Notamos nombres de personas cuyas obras llegaron a grandes escalas, a niveles de naciones o continentes, pero no notamos a los Protectores que se encuentran entre nosotros, actuando cada día por la justicia y el amor entre humanos. Cuesta notar el arduo trabajo de ciertos individuos que dedican su vida a otras personas, sin embargo, existen, o mejor dicho, existimos, porque sin darnos cuenta, al amor que sentimos nos vuelve parte de esta ideología, de esta hermandad humana en la que decidimos sentir esa pasión por la gente que nos rodea. Es una necesidad básica del ser humano amar y sentirse amado, y el amor implica protección y fidelidad fuerte como la de un guerrero por su reino y su gente.
Así, comenzamos a sentirnos Protectores de quienes verdaderamente amamos. Pero una aclaración muy importante, estimado Protector que lee estos párrafos: No debemos esperar nada a cambio, debemos actuar de la forma correcta sin importar lo demás, y nunca olvidemos que también debemos cuidar de nosotros mismos si pretendemos brindar esa protección y amor a alguien.